miércoles, septiembre 14, 2011

Diario

Diario

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Hoy he comenzado la universidad, y he advertido con resignación teñida de pesar que soy el estudiante más viejo de las tres asignaturas que cursaré este primer cuatrimestre. Y además lo soy, creo, con diferencia. Es decir, que gano por goleada. El año pasado había bastante más tercera edad de lo que al parecer habrá el 2012. Ah, triste certidumbre la de constatar a diario cómo resulta cada vez más difícil encontrar individuos más viejos que yo en cualquiera de las empresas en las que me aventuro a participar. La gran tragedia de la que soy víctima es que mi cerebro no envejece al mismo ritmo que mi cuerpo. Lo peor, lo más desconcertante, es que me reconozco incapaz de señalar en qué momento de mi juventud mi conciencia decidió no ser cabeza de pelotón y se quedó rezagada mientras mi cuerpo ganaba un Tour tras otro.


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El primer día de clase constituye un puro trámite que consiste en realizar una pequeña introducción en relación a cómo transcurrirá la asignatura. Este año me han tocado las mismas aulas que el curso anterior, y como el día ha sido especialmente caluroso y el número de alumnos era considerable, el calor que hacía era insoportable, máxime teniendo en cuenta que el edificio histórico de la Facultad de Filología carece de aire acondicionado. La profesora de francés ha proferido bufidos durante toda la exposición, y al final ha comentado que pedirá cambiar de aula.
No puede evitar uno la sensación que a las Humanidades se las ha abandonado a su suerte.

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Ayer vi la última película de Alex de la Iglesia, Balada triste de trompeta, y así a bote pronto lo único que se me ocurre decir es que hacía mucho tiempo que no veía una película tan mala, tanto más mala cuanto más proclamas laudatorias ha recibido por una serie de críticos sobre los cuales uno no puede sino poner en duda su salud menta y su incompetencia profesional. Hay situaciones y secuencias y fragmentos del guión que producen vergüenza ajena, y, lo que es más grave, resulta en todo momento inverosímil. Como espectador me siento insultado en mi inteligencia por un director que cree que mostrando sangre en profusión y empleando, mal que bien, efectos especiales por ordenador, cree que dejará satisfecho al espectador medio.


7 comentarios:

nee* dijo...

Jajajajja, como me he reído con lo de la película, yo es que ni la terminé de ver directamente, me pareció tan pero que tan mala que no quise perder ni un minuto más en su visionado.
Yo, por suerte o desgracia, no empiezo clases hasta el 26, por suerte porque, aunque las aulas son espaciosas, tampoco hay aire acondicionado, pero por desgracia ya que la duración del cuatrimestre y por lo tanto de las horas lectivas será bastante inferior a años anteriores. Ya ves, no es exclusivo de humanidades xD.

Arcadio dijo...

No sé, quizá yo tenga todavía ese prejuicio que suele apliarse a los libros de acabar lo que empiezo, pero desde luego la película es deplorable. Me da rabia que la mayoría de los críticos pongan a parir a Jose Luis Garci, por decir un nombre, sólo porque los temas que trata estén un poco anclados en el pasado o porque simpatice con la derecha, y a Alex de la Iglesia lo cubran de piropos por hacer una mierda de peli de la que lo único que se puede aprovechar son los títulos de crédito. Para eso que hubiera hecho sólo los títulos de crédito.

Hasta pronto

Virginia dijo...

Pues yo ando parecida. Ayer me matriculé en una escuela de inglés en el grupo de "adultos" y, viendo al resto de estudiantes, creo que voy a subir considerablemente la media de edad del grupo. Y eso que aún estoy en eso que mi abuela llama "la flor de la vida" (osea la treintena). El único lugar (académicamente hablando) donde me he sentido "joven" ha sido la UNED.
Ánimo, en cualquier caso.

Arcadio dijo...

Ay, Virginia, creo que a tu abuela le asite toda la razón del mundo, si estás en la treintena estás en la mejor época. Lo malo es que yo la dejé atrás hace tiempo...

Irene dijo...

No sabía que estabas estudiando! Pero no comprendí muy bien: hablas de filología y de francés, así que he hecho sumas y me he dicho que estarás haciendo filología francesa. Estoy en lo cierto?
Me alegro que Pilar se equivocara un día y me dejara un comentario suyo a tu nombre, me encanta pasarme por aquí a leer lo que escribes :)
Por cierto, ya terminamos West Wing. Ahora estamos con The Wire, pero no sé, por ahora me parece un pelín lenta... Y enganchadísima a Top Chef, es que a una le pierde la comida :)
Bon après-midi!

Arcadio dijo...

Hola Irene. Yo si que estoy encantado de que visites mi blog, la verdad es que estoy encantado.
No estudio filología francesa, estoy cursando el grado de Estudios Literarios, lo que era antiguamente Literatura Comparada. Que haya escogido la asignatura de francés o la de griego es puramente práctico: debo conciliar horarios con trabajo y casa, y esas eran las que me iban mejor. Lo que a mi me gusta es la literatura.
Dices que has terminado de The West Wing pero no me dices qué te parece, me interesa tu opinión. Yo sigo pensando que es una de las mejores series que se han hecho nunca. La he visto tantas veces y no me canso de verla. Además, creo que se aprende más de política viendo un episodio suyo que leyendo un año la sección de política de cualquier periódico. Es curisoso, por otra parte, que la menciones porque estos días estaba pensando en volverla a ver la serie.
Te recomiendo con mucho énfasis que veas lo antes posible Studio 60, una creación del Aaron Sorkin, el responsable de West Wing. Es absolutamente extraordinaria. Lo malo es que hasta donde sé, en españa no se ha editado. Yo la compré en Amazon, en inglés, por supuesto.
En cuanto a The Wire, ten paciencia con ella, aunque ya te aviso de que es así de lenta. Lo mejor es la exacta traslación a la pantalla del mundo corrompido de Baltimore, sin aditamentos ni artificios. Corrupción política, docente, periodística, policial. Los personajes inspiran veracidad, y además es una serie que para apreciar de verdad debes ver entera, sus cinco temporadas.
No obstante, si no te gusta no te tires de los pelos. No nos puedes gustar lo mismo a todos.

Un saludo

Imposivle dijo...

Estoy muy de acuerdo contigo, arcadi, sobre tus reflexiones sobre la discrepancia físico psicológica del paso del tiempo. Menos mal que yo comparto algunas clases con Griselda y esto mitiga un poco mi abanderamiento de edad avanzada en clase.
También suscribo la percepción de pelicula horriblemente hecha y excesivamente mala que es balada triste de trompeta. De la que solo he sacado una cosa buena: cada vez que se me escapa un pedo en público, para disimular, me pongo a cantar la canción de la peli (balada triiiiste de trompeta...por un amor que ya se fué...)

Bueno, Arcadi, a ver si nos vemos por la facu.