domingo, septiembre 04, 2011

Diario

Diario

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Ayer por la noche estuve a punto de perder la poca dignidad que me queda. Pilar se estaba arreglando para salir a dar una vuelta. Yo la oía desde el comedor proferir quejas persistentes a propósito del pelo ingobernable que se le había quedado por irse a dormir con el cabello mojado. Al poco apareció en el comedor y me preguntó si yo sabía hacer trenzas. Normalmente no hubiera acudido a mí para semejantes menesteres, habría echado mano de su hermana Maribel, que vive en el piso de arriba, pero mi cuñada estaba asistiendo a una de las doscientas cincuenta bodas a las que acude al año. No entraré ahora en detalles al respecto porque no procede, pero sólo apuntaré que lo de mi cuñado y mi cuñada es para realizar un estudio serio. Quiero decir que si las estadísticas que esta misma semana han salido a la luz indican que el número de bodas se ha reducido notablemente a causa de la crisis, no entiendo cómo es posible que ellos asistan cada años a más. Estoy por pensar que son la clase de personas que no saben decir que no, y aceptan asistir a la boda del primero que se lo pide, aunque no lo conozcan de nada.

"Póngame un cortado con la leche natural, por favor". "Marchando. Por cierto, el yerno de un cuñado lejano se casa, ¿su mujer y usted quieren asistir al enlace?" "Pueeeees.... vale... cuente con nosotros".

Bueno, prosigo que me voy por los cerros de Úbeda. Evidentemente de entre todas las manualidades que he practicado en la vida, hacer trenzas no es una de ellas. Así que le dije a Pilar que ni sabía ni quería saber. Y entonces pasó lo que pasa siempre: que empezó a lamentarse, que no podía salir a la calle con el aspecto de Albert Einstein, que el saber no ocupa lugar, que hemos ser solidario cuando nos salen al paso dificultades como ésa, etcétera. En resumen, como soy un hombre que tiene la personalidad de un Argamboy, al final accedí a aprender a hacerle la trenza. Nos pusimos ambos frente al espejo del lavabo, y se presentó el primer inconveniente: mi mujer es ligeramente más alta que yo, y encima calzaba unos zapatos con un tacón que parecía la pértiga de Sergei Bubka, y por tanto a duras penas llegaba yo a su nuca. Entonces me sugirió que me subiera encima del pequeño retrete de Martina. Lo hice. Me indicó cómo debía hacer la trenza: coger tres matas de pelo más o menos del mismo grosor e ir cruzándolas alternativamente. Entonces alcé la vista y cuando me vi reflejado en el espejo con las tres matas de pelos en las manos, en lo alto del el váter rosa de mi hija, pensé que si aceptaba hacer eso lo próximo que me pediría sería pintarle las uñas de los pies y hacerle las ingles, de manera que dije que no, no y no, y salté del váter y me fui de allí a la carrera y me puse a buscar por casa tabaco de mascar y bicarbonato para echarme unos buenos eructos de camionero.

9 comentarios:

Virginia dijo...

¡Me muero de la risa!
Y la pobre Pilar se quedó sin la trenza, ya le vale al Argamboy... ¡eso es pura cobardía! :D

zer0gluten dijo...

La verdad es que yo si me viera en tu situación haría lo mismo o peor. Igual llamaba a los vecinos para ver el fútbol con una cervecitas.
La verdad es que a veces os ponemos en unos aprietos...
No sabía que tenías un blog. Te seguiré.
Besos.

Arcadio dijo...

Muchas gracias. Pues yo no soy muy futbolero, pero en semejante tesitura creo que me haría hoolingan con tal de no prestarme a según qué maniobras.

Un beso

Nuria dijo...

Ay ARcadio! Venir por aquí siempre es sinónimo de risas, pero ... necesitamos la versión de Pilar.

Arcadio dijo...

Gracias Nuria
Pilar ya ha confirmado todo lo que he dicho. En su Facebook y mediante su alter ego, Artemisa.
Como dicen en las películas, basados en hecho reales, lo juro por mi biblioteca.

nee* dijo...

Como exageráis eee, jajaja, no es para tanto, joo, vosotros también os pasáis de la raya a veces, sólo insinúo que como a mi novio le daba reparo ir a que le hicieran piernas se las hizo otra personita en la terraza, así que no se yo si con lo de la trenza había para tanto, jajaja.
Unas veces toca ceder por un lado, otras por otro :P.

Arcadio dijo...

Madre mía, no puedo ni imaginar el sufrimiento que experimentó tu novio, en una terraza más o menos adormecido mientras tú le acaricias las piernas.

Irene dijo...

Cómo me he reído con tu diario! Anda, que qué te costaba hacerle una trenza a Pilar ;)

Arcadio dijo...

Gracias Irene, pero que sepas que no es de recibo reírse de las degracias ajenas, y lo mío es una desgracia constante. No sabes cómo es lidiar a diario con dos mujeres del cariz de las que yo tengo en casa.
Como decía alguien: vivir es sufrimiento, y sobrevivir es encontrar sentido al sufrimiento.