domingo, diciembre 03, 2006

Crónicas de Nueva York. Anexo al septimo dia

Ayer me precipité al anunciar que restaba una sola entrada para finalizar estas crónicas improvisadas de Nueva York. Cuando termine de escribir este breve anexo nos disponemos a culminar, de una vez por todas (en el supuesto de que la meteorología nos sea propicia y ningún otro contratiempo interfiera la empresa) el Empire State Bulding, y semejante acontecimiento, que a lo largo de toda la semana se ha ido posponiendo por diversos motivos, no puede pasar sin dar cuenta de ello en una entrada, siquiera corta.
Acabamos de rodear, casi en su totalidad, Central Park, en un largo y contemplativo paseo en el transcurso del cual nos hemos cruzado con toda clase de personas practicando footing, vale decir que algunos de forma dolorosa a juzgar por el estilo con que corrían, a los que parecía les faltaba algún hueso bajo la carne de los brazos que agitaban como si fuera plastilina, o mujeres al trote ataviadas con falda encima del chándal, u hombres corriendo mientras empujaban el cochecito con su hijo de pocos meses cómodamente sentado en él.
Para los que leyendo las crónicas hayáis experimentado una suerte de adicción a Nueva York que os produzca deseos irreprimibles de coger el primer avión que despegue hacia aquí, o formado en todo caso una imagen idílica de la ciudad, es de rigor recordar que también el turismo depara momentos dolorosos que se omite adrede en el testimonio, escrito u oral, que suscite cualquier viaje. Los dos primeros días, por ejemplo, a causa de las interminables caminatas que realizamos, me salieron dos grandes ampollas en sendos pies, y al final de la jornada el trayecto de regreso al apartamento resultaba ser un verdadero suplicio, me arrastraba literalmente por las aceras neoyorkinas, caminando (si es que a ese avanzar alicaído y doloroso más propio del sonambulismo podía denominarse caminar) como un jinete al que le han robado el caballo sin que lo haya advertido, o como un pobre desgraciado al que un negro amanerado de dos metros por dos lo ha sorprendido por sálvese la parte y le ha echado, como se suele decir, el aliento en la nuca. El dolor llegó a ser tan intenso e insoportable que una de las tardes, en el Village, me desplomé en la acera y Pilar y yo intercambiamos el calzado con idea de que el suyo (unas botas cuya altura alcanzaba por debajo de las rodillas) pudiera no provocarme tanto dolor como las mías. El remedio definitivo, no obstante, se lo debo a un crema que Pilar adquirió en un Body Shop que encontramos en el mismo Village, y que obró de forma eficaz e inmediata gracias, sobre todo, a que mi santa esposa, por la noche y la mañana, antes de emprender la marcha, me esparcía ese ungüento milagroso por los pies y los masajeaba pacientemente con la habilidad propia de una profesional.
Ha habido, asimismo, alguna torpeza de provinciano inexperto que en cualquier otra circunstancia hubiera sido motivo de rubor y mofa, pero que en el anonimato que nos proporcionó la penumbra de la Ópera pasó por completo desapercibida. Durante el primer acto, Pilar y yo nos admirábamos del alto nivel que demostraba el público neoyorkino, al reír o manifestar sorpresa o expresar alivio según transcurría la obra, pues nosotros no entendíamos palabra alguna de cuanto los protagonistas cantaban: que nivelazo tiene esta gente, como domina el italiano, nos susurrábamos al oído ambos, verdaderamente admirados y extrañado a un tiempo. Hasta que descubrimos, al comenzar el segundo acto, que frente a cada una de las butacas, en un pequeño monitor rectangular que confundimos con una especie de baranda en la que apoyarse, aparecía en inglés, con sólo pulsar un botón cuadrado de color rojo, todo el texto que recitaban en italiano los actores. A partir de entonces, Pilar me tradujo al oído el texto inglés, previamente vertido del italiano por ese aparato milagroso que había estado todo el rato delante de nuestros ojos sin conocer su verdadera utilidad. De regreso en Barcelona alguien me comentó que posiblemente, de haber continuado pulsando el dichoso botón rojo, también habría aparecido en la pantalla el texto al castellano. Nos hemos fijado el objetivo de constatar semejante pormenor en la próxima visita a la ciudad.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Después de no tener acceso a Internet en todo el fin de semana, lo primero que he echo al llegar al trabajo, y aprovechando que a primera hora no hay mucho trabajo, es leer vuestras crónicas neoyorkinas.
Que envidia me dais, que bueno seria pasear por esa ciudad y desconectar de esto durante unos dias.
Por cierto,estoy haciendo impresiones de todo lo que se publica para que mi mami también conozca vuestras vivencias en esta gran ciudad.Y como todos los que leemos las crónicas, siente envidia por lo que estais viviendo.

Un beso fuerte!!

Sandra

Anónimo dijo...

Creo haber entendido que la próxima parada es Madrid, ciudad que fue mi hogar durante un poco más de un año. Si teneis oportunidad visitad el barrio de Lavapies, castizo donde los haya, en la calle Doctor Fourquet está la Sala Mirador, escuela de arte dramático, allí podreis ver las performances de los nuevos talentos del cine y el teatro español. No podeis perderos el Bar Chicote en el número 12 de la Gran Via, a sus mesas se sentaron personajes de la talla de Ava Gadner, Frank Sinatra, Orson Welles... y además es un lugar encantador. En el Círculo de Bellas Artes se realizan varias actividades homenaje a la movida madrileña, un poco de caspa. Si seguís subiendo por Lavapiés arriba dareis de narices con la Plaza de Cascorro, el puro centro de Madrid, en el número 1 vivía yo, en el ático; es un edificio muy antiguo con un porticón de madera desvencijada, que hace esquina con la calle Tirso de Molina que a su vez va a dar a la Plaza del Sol, son las arterias principales del corazón de Madrid. Que os voy a contar de Madrid, mejor que lo veais... se merece unas vacaciones a parte, me emociono sólo de pensarlo. Eso sí, hace una rasca que pá qué!!

Un beso muy fuerte

Berlin

Anónimo dijo...

Desde los pies de "Monmatre", deciros que hoy hace un día estupendo y aunque se prevee el fin de este viaje y la vuelta resulta difícil, sabed que espero con ansiedad que llegue el miércoles. Sé que es muy egoista por mi parte, pero estoy muy acostumbrada a teneros cerca. Estas crónicas me hacían sentir que vuestra falta no era tal, pero el fin de semana se hace duro cuando no puedes oir una voz tan familiar diciendo, qué haceis, dónde estais, teneis pensado algo,... Sé, como he dicho, que soy egoista al echaros de menos, pero somos animales de costumbres y a mi me habeis acostumbrado muy mal.

Besos y abrazos a CASCOPORRO.

Sra. Friky

Anónimo dijo...

Venga, volver pa´casa ya, que os echamos de menos y queremos ver como Arcadio se traga todas sus quejas sobre viajar y los jaleos en que lo mete Pilar. O en su defecto, alquilad ese apartamente con vistas a Central Park y vengo yo a veros! Besos,

Manoli

Anónimo dijo...

Yo también me apunto con Manoli a pasar unos días en ese apartamento con vistas, y como dice ella si va a ser que no pues volveros "pa casa" antes que alguien ponga a frijo mirando "pa utrera". Excuse me, where is utrera? y zas!!! Hecho un hombre de golpe. No sé tal vez si se deja os podais comprar ese apartamento. Pilar ponlo en el balcón con una pancarta que diga UTRERA EXISTE, ven a visitarla. Puede que dé resultado.
Bueno os lo vais pensando que aún os queda tiempo.

Apa, que vaya bien.

Sra. Friky

Anónimo dijo...

Hola, Pues yo que estoy de vacaciones me acabo de levantar de 'moncatre' osease mi cama.
Si te encuentras con el negro 2x2 aprovecha y que te diga como está el tema prostático.. dentro de lo malo saca algo bueno....
Tengo el presentimiento que te has guardado todas las cosas raras que os han pasado o que no te han gustado.... sería una buena entrada.... 'todo lo que no dije sobre new york'..
Bueno pareja.... feliz viaje de regreso... si por casualidad veis algun ruso con cara de llevar polonio en el avión buscar un asiento alejado de él y no respireis mucho...
Por lo demás, feliz regreso..y recordad, esperamos alguna entrada sobre los huevos de Madrid...

salut !

albert