lunes, septiembre 04, 2006

Lo que nos llegará


Todavía no se ha estrenado World Trade Centre en España, el último film de Oliver Stone, y por cuanto he leído de ella habrá que tomar aire y prepararse con perezosa resignación para lo que nos viene encima. No me cabe la menor duda de que en los próximos años se sucederán las películas que reconstruyan, de manera directa o tangencial, los atentados acontecidos en Nueva York el 11 de septiembre de 2001. World Trade Center será la primera de una larga lista (excluyo de ella la magnífica y angustiosa United 93, del director Paul Greengrass, obra que se limita a mostrar, con oficio y técnica documental, sin tomar partido ni apelar a la fácil emotividad) de vehículos elaborados con el fin último de enardecer el patriotismo norteamericano, un tanto alicaído de un tiempo a esta parte pero igual o más nocivo para los intereses del resto del mundo, cuando no para los propios norteamericanos. Vaya por delante, pues, la advertencia de que nos queda por asistir a la caída y redención del cansino y cotidiano héroe norteamericano que sobrevive físicamente al percance en detrimento de su salud mental, zaherida por el recuerdo permanente de la tragedia, cuyas secuelas lo abocaran al divorcio, las drogas, el alcohol, ansiedad o sentido de culpa y toda las patologías habidas y por haber. Espero que algún director o escritor o dramaturgo estadounidense posea el arrojo necesario para denunciar y sacudir la conciencia de los norteamericanos, mostrándoles sin ambages ni artificios ni burdas concesiones a un sentimentalismo elemental y efectista cuánto de lo que sucede hoy día en el mundo y cuánto de lo que tendrá lugar en un futuro desafortunadamente próximo es resultado innegable de las políticas que sus distintos gobiernos han perpetrado en el pasado en los países que han considerado oportuno. Desgasta y resta crédito y prestigio proclamar constantemente lo muy democrático que es un país si al mismo tiempo no se respeta y se conspira de manera continuada y con todos los medios al alcance contra las democracias precariamente instauradas en otros. Asegura Oliver Stone que su película es heroica y no política, y causa desazón y rabia contenida asistir a las muestras de heroísmo del norteamericano de turno cuando todavía permanecen intactas en nuestra memoria las imágenes de libaneses escarbando y sacando los cadáveres de sus familiares de entre los escombros de sus hogares desmoronados. Se nos repite hasta la náusea que en Nueva York perecieron casi tres mil civiles, pero nadie parecer mostrar el menor interés y conmoción al certificar que semejante cifra ha sido superada con creces en Irak. Repartimos dignidad y valor a los muertos en función de su procedencia, como si fallecer fuese una estrategia más de márketing.

1 comentario:

Luis Vea García dijo...

Más rollo, más paliza, más de lo mismo, más votos para Bush. Parece que ellos hayan sido los únicos que han sufrido en el mundo. Para mí sinceramente ese día tiene otra significación, tanto como catalán como igualmente el recordatorio de un golpe de estado sangriento, el de Chile.