domingo, agosto 27, 2006

Desearía


La lista resultará interminable y con seguridad, bien por desmemoria bien por pudor, incompleta. Aun y así me aventuro a dejar constancia a continuación de todo cuanto desearía modificar en mí, o mejorar, o, sin contemplaciones, directamente erradicar:
Desearía eliminar el hábito de sacar las llaves de los bolsillos tres kilómetros antes de plantarme frente a la puerta que pretendo abrir.
Desearía un verbo viperino y poseer el ingenio y la agilidad mental suficiente para responder de manera inmediata a los agravios e impertinencias del tendencioso de turno, y no hacerlo como acostumbro, a destiempo, cuando ya la respuesta, por más brillante que sea, no es pertinente y por tanto carece de la eficacia pretendida.
Desearía obedecer a los impulsos primeros, a la impresión inmediata, y no permitir que desaparezca bajo un dédalo de conjeturas alternativas finalmente irrealizables.
Desearía que la perseverancia y la paciencia fueran mis mayores virtudes y no adolecer por completo de ambas, como es el caso.
Desearía en ocasiones sentir cierto rencor hacia todo aquel que me inflige dolor, o escarnio deliberado, y no restarle importancia pasados los primeros minutos de enojo.
Desearía ser un osado irresponsable, un charlatán aventurero sin temor a nadie ni a nada, un nómada irredento e infatigable, y no, en cambio, padecer esta suerte de sedentarismo crónico al que, por fortuna, Pilar combate con uñas y dientes y una voluntad inquebrantable.
Desearía carecer de prejuicios, esa tara detestable que posee, en mayor o menor medida, todo ser humano.
Desearía acometer con idéntica dedicación y empeño todas los proyectos que emprendo, y no perder interés por unos mientras me sumerjo hasta la obsesión en la realización de otros.
Desearía en todo momento el hallazgo feliz de la palabra precisa, consolar y conmover por igual al expresar con palabras lo que otros, sintiéndolo, apenas alcanzan a realizar un torpe esbozo mental.
Desearía haberla visitado más a menudo, abrazado y besado con más frecuencia, musitado al oído o abiertamente expresado a viva voz lo mucho que la quería en más ocasiones de las que lo hice; deseo que, allí dónde se encuentre, le pase inadvertido el desconsuelo terrible que la constatación diaria de su ausencia injusta nos causa a sus hijos.

7 comentarios:

Manoli dijo...

Todos tenemos una lista interminable de ¨desearía¨. La mía es killométrica y peleo cada día por conquistar algún punto. Mi profesión me reta a pensar que no somos así sino que es así como nos comportamos, y que los hábitos se pueden romper.
En cuanto al último punto, como hija del mismo maravilloso ser, me uno con fuerza y lágrimas en los ojos. Desearía también haber tenido la madurez para preguntarle quien era antes de ser mi madre, cuales eran sus sueños de juventud, quién fue su padre y que sintió cuando la guerra se lo llevó a él y a sus sueños de niña. Cómo consiguió después de esto pasar por la vida con un océano de dulzura en sus ojos y sin la esperanza rota. Me gustaría decirle que los únicos heroes del mundo son las personas como ella, las que optan por la valentía del amor y la esperanza no por ingenuidad, sino por saber que ni las circumstancias más horribles del mundo te pueden arrebatar el espíritu si tú no te dejas. Me gustaría pedirle perdón por el egoísmo propio de los hijos, que no sabemos ver más que a una madre. Y me gustaría darle las gracias por la familia que ha dejado atrás. Y aprovechando la presente en que nos lamentamos de no haberle dicho más a menudo que la queríamos, aprovecho para no cometer eses error contigo. Te quiero mucho, hermano.

Manoli

Arcadio dijo...

Tu comentario merece ser más una entrada, no sólo porque está mejor escrita que muchas de mis entradas, sino por la trascendencia conmovedora de lo que evoca. Yo también me pregunto a menudo quién era ella antes de ser sólo madre (nada más y nada menos), cuáles eran los deseos más inmediatos que le ocupaban el pensamiento en ese tiempo de privaciones en el que soñar era una circunstancia acaso nada recomendable, porque la realidad, al despertar, era terrible y abrupta, y no se podía hacer concesiones para acometer el día a día con garantías de salir indemne. Sería bueno pensar que sus sueños fuimos nosotros, sus hijos, porque de esa manera tendríamos constancia de que sus sueños han sobrevivido y se prolongarán en el tiempo.
De más está decir que yo también te quiero. Qué coño, nunca está de más:te quiero.

Anónimo dijo...

voy a tener que dejar de leer tú blog y las entradas de tu hermana en horas de trabajo, no es plan que me vean aquí llorando a moco tendido, que yo tengo una reputación y las frívolas y las fashion no lloran en hora de oficina.

Pilar

Arcadio dijo...

Por cierto Pilar, en la lista de DESEARIA no quise añadir en su momento, no sé por qué razón, que de todas las personas que me hubiera gustado que conocieran a mi madre, tú eras la primera. Sin duda esa es una espina que siempre tendré clavada.

manoli dijo...

Perdona Pilar. Espero que lleves un rimmel waterproof, como buena fashionista que eres, pero lo de frívola no se lo cree ni el más capullo de tu oficina. Saber traer momentos de ligereza a la vida no es una frivolidad, sino un acto de supervivencia...

besos

Anónimo dijo...

Manoli:
Entre semana voy a cara lavá, combinar ropa y complementos + maquillarme me supone madrugar y eso es too much.

Arcadio:
Para mi también habría sido un placer conocerla, seguro que nos hubieramos reido mucho, aunque no sé que pensaría de que me gasto tú dinero y el mío y no te plancho las camisas.

Besos para los dos.

Pilar

manoli dijo...

Pilar,

Mi madre se habría enamorado de ti a primera vista, te lo aseguro. Y habría dormido tranquila por Arcadio el resto de su vida. Además, recuerda que mi madre nació antes de la Guerra Civil, en una España más moderna y liberal de lo que nos pensamos. Cuando yo le decía de pequeña que no limpiaba a menos que mis hermanos limpiaran, que no quería ajuar, que no me iba a casar nunca y no le iba a hacer de criada a ningún hombre, ponía una media sonrisa algo perversa y me decía: ¨me parece muy bien, hija¨