domingo, octubre 28, 2007

Correspondencia con Dios



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Se me ha ocurrido que de aquí en adelante te remitiré una carta en la que te daré cuenta de los episodios más significativos que acontezcan en este páramo proceloso e imprevisible que es la Tierra, cuya existencia, dicen, no sólo es atribuida por completo a ti sino que, aseguran, apenas te bastaron seis días para crearla. Lo cual, a propósito de los acontecimientos calamitosos que están teniendo lugar en Barcelona con las obras del AVE, me lleva a formularte dos preguntas que espero no te incomoden ni sean motivo de futuras animadversiones: ¿No crees que si le hubieras dedicado a la Tierra más de seis días el resultado hubiese sido muchísimo mejor? ¿Es cierto lo que dice el poeta Ángel Gonzáles de que al séptimo día, lejos de descansar tal y como afirman las Sagradas Escrituras, lo que en verdad ocurrió es que te cansaste?

Las misivas serán de frecuencia desigual, si bien, guarda cuidado, en modo alguno transcurrirán menos de siete días entre una y otra, nada más lejos de mi intención que agobiarte y trastornar el apacible y vitalicio retiro en el que decidiste refugiarte, imagino que de manera voluntaria, con nimiedades y asuntos de poco calado con los que distraer tu atención.

Estos días, sabrás ya, ha adquirido especial relevancia la agresión que un indeseable mocetón de apenas veintiún años ha propinado a una adolescente en un vagón de metro. Te preguntarás por qué una circunstancia que sucede a diario y con consecuencias mucho peores que la nos ocupa (lesiones crónicas, asesinatos, violaciones) ha despertado sin embargo un interés mayor y un rechazo unánime en los ciudadanos. La respuesta es obvia: el episodio ha sido registrado por una cámara y posteriormente difundido en Internet y las televisiones de todo el planeta, lo cual pone de manifiesto otra obviedad de índole pavorosa: todo suceso que no aparece en televisión no ha ocurrido jamás. Cualquier crimen individual atroz o exterminio colectivo o abuso o injusticia cometidos que transcurra al margen de los medios de comunicación audiovisuales no sólo no obtendrá jamás el debido enjuiciamiento sino que ni siquiera será tenido en consideración, por la sencilla razón de que nunca habrá tenido lugar. Y semejante circunstancia, permite la confianza, nadie mejor que tú la conoce.

En cualquier caso, el episodio en cuestión y su posterior tratamiento informativo me ha suscitado algunas reflexiones que quisiera compartir contigo. La primera de ellas es a todas luces políticamente incorrecta, acaso inapropiada por mi parte al tratarse de un apunte de carácter sardónico, habida cuenta la gravedad del episodio que nos ocupa. Pero asistiendo con perplejidad, a posteriori, al guirigay protagonizado por la justicia y los políticos y los medios de comunicación y asimismo algunos ciudadanos que, envalentonados, proclaman que hubieran obrado de manera distinta a la que lo hizo el pobre joven que asistió como testigo al suceso, me atrevo a lanzar esta observación, siquiera para quitar hierro al asunto. A saber: las imágenes de ese indeseable departiendo por el móvil mientras le asestaba golpes a la joven constatan, por fin, que la tesis, ampliamente extendida, de que el hombre no puede hacer dos cosas a la vez es una falacia sin fundamentos. Coincidirás conmigo, no obstante, que hubiera sido preferible que el hecho se hubiese constatado de forma bien distinta.

Otro pormenor que me ha llamado la vivamente la atención de este episodio guarda relación con tratamiento que los medios de comunicación han llevado a cabo de él según el origen de los mismos, y que por extensión me aventuro a relacionar con la reclamación, o en rigor exigencia, de Josep Lluís Carod Rovira apelando en televisión a la no españolización de su nombre. Y es que resulta que, si el medio de comunicación procedía de Cataluña, el agresor era llamado Sergio Javier, y si provenía del resto del Estado, Sergi Xavier. De sobra sabes, Dios, que yo no soy de naturaleza desconfiada, pero no puedo por menos de advertir cierta malicia y perversión en semejante circunstancia. ¿Intentaban los periodistas españoles, habida cuenta los tiempos que corren, destacar de manera tendenciosa la procedencia catalana del individuo agresor? ¿Cabe imaginar, asimismo, que los medios de Cataluña pretendieran ocultar o desviar la atención respecto al origen catalán del despreciable joven, como si ser catalán no sólo fuera cuestión natalicia sino además estuviera relacionado con un determinado comportamiento que excluiría del catalán lo canallesco y la perfidia y la sinrazón? El asunto, Dios, no se me antoja baladí, y me lleva a otra reflexión: ¿Por qué Josep Lluís Carod Rovira no ha aparecido en televisión, expeditivo y contundente a un tiempo, reclamando que no españolizaran los nombres Sergio Javier?

En fin, Dios, creo que me he extendido más de lo conveniente y no deseo perturbar con irreverencias tu ocioso retiro. Espero, sin embargo, seguir contando en adelante con tu atención.
Siempre tuyo (o no), Arcadio.

PD:
Besos a los niños.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

M’ha sorprès la teva carta a Deu, suposo que no esperaràs una resposta per part seva! jeje
Personalment no diria que el tema d'en Carod Rovira sigui o es pugui considerar un episodi significatiu...
Montse

manoli dijo...

igual al séptimo día Dios se había dado cuenta de lo mal que le había salido el experimento y decidió abandonar...igual continua probando en otra galaxia cercana..

Manoli
(de vuelta de los EEUU, donde Dios está en todas partes)