martes, agosto 14, 2007

Ratatouilli


Estamos de nuevo en Sant Feliu de Guixols concluida una estancia breve de dos días en Bellver de la Cerdaña, situado a treinta kilómetros de Andorra. Resulta impagable la sensación de pasar frío en pleno agosto, ataviarse de prendas de abrigo y deambular por las calles empedradas de este minúsculo pueblo en procura de esporádicos rayos de sol, echarse por encima las sábanas e incluso el edredón a fin de guarecerse de un frío que desconcierta por cuanto tiene de intruso. Casas con tejados de pizarra, soportales y ventanas de madera oscura, se diría recién barnizadas a juzgar por lo muy cuidadas que lucen. Echa uno la vista en derredor y sólo alcanza a ver enormes montañas cuyas cimas ocultan las nubes, las sombras de las cuales se deslizan por el lomo cubierto del verde tupido de las copas de los árboles. Adaptando su aspecto a la orografía azarosa del monte, las nubes avanzan a la velocidad caprichosa a la que sopla el viento.
Pasamos la tarde en Andorra, donde acabamos entrando en un cine para asistir al pase de Ratatouilli, la última maravilla de Pixar. El cine de animación, recuerdo, despertaba tiempo atrás reticencias y desdén en quienes incurrían en la absurda equivocación de menospreciar el público infantil o adolescente al que exclusivamente creían que estaba destinado, como si en cualquier caso semejante público no hubiera demostrado ya poseer mayor agudeza e imaginación y sensibilidad artística que un adulto medio. Me viene a la memoria unas palabras que, si no recuerdo mal, pronunció Alejandro Dumas: no entiendo cómo siendo tan listos los niños son tan tontos los adultos: debe ser cosa de la educación.

El cine, el buen cine, debe mostrarse desprovisto de géneros que lo delimiten, pues es, esencialmente, la narración de una buena historia, de un guión poderoso, de unos personajes verosímiles con cuyas vicisitudes nos sintamos identificados, independientemente de si sus actores son de carne y hueso o han sido creados por el lápiz de un dibujante talentoso. Lo que distingue a Pixar de otras empresas, además de su apabullante liderazgo en la calidad exquisita de la animación, es el cuidado meticuloso con el que elaboran los guiones. La historia es tanto o más importante que la animación, conscientes como son de que cualquier filme que carezca de un buen guión apenas consigue atrapar el interés del espectador no más de quince o veinte minutos. Por más artificios informáticos que empleen en su realización, sin no hay detrás una historia bien construida la película de derrumba como un castillo de naipes. Los prodigios técnicos alcanzan en Ratatouilli alturas nunca antes vista en una pantalla; las ratas, en efecto, semejan ratas que deparan idéntica repugnancia que las reales, sobre todo en las escenas en que aparecen en colonia, no así por separado, entonces poseen el encanto y la magia de cualquier bicho animado en la ya larga historia del cine de animación.

1 comentario:

jose dijo...

Totalmente recomendable la peli, fuimos con alba y lara y les gusto mucho. Por cierto hemos pasado un dia muy agradable en vuestra compañia, Pilar esta guapisima y tu tienes a Alba encantada.
Petonets.
P.d. Acabo de ver vuestra habitacion del castillo (suite jardin), espectacular!