martes, febrero 13, 2007

El efecto rebote (I)



Visité la casa de mi hermana Yolanda y en el vestíbulo del edificio, en un tablón de corcho colgado en la pared que utilizan para las notificaciones relacionadas con los asuntos de la comunidad de vecinos, me detuve a leer un texto escrito en ordenador en un cuerpo de letra bien grande para que no pasara inadvertido. Decía así: Gracias al desgraciado que tiró una colilla en el macetero el edificio estuvo a punto de salir ardiendo. No tenéis vergüenza. Subí hasta el segundo piso y llamé a la puerta y me recibió mi sobrina Jessica. Le mencioné el asunto y me confió que lo había escrito ella. Le sugerí que tal vez se había excedido al emplear términos tan beligerantes, habida cuenta que quizá se trataba de un accidente que le podía suceder a cualquiera. Me respondió que de eso nada, que todos los vecinos sabían quien había sido pero nadie se atrevía a encararse con él y que el texto era una forma de decirle lo que pensaban de su comportamiento incívico. Le pregunté si su madre volvía a ser presidenta de la comunidad y me respondió que no y añadió que el edificio carecía desde hacía tiempo de presidencia y por tanto en la escalera imperaba la anarquía. Eso lo explica todo, pensé inmediatamente. Uno de los primeros síntomas que delata una situación de ausencia de gobierno es el lenguaje que se emplea. Si en circunstancias normales prevalece lo políticamente correcto y hasta los mayores agravios son dirimidos con moderación y en arreglo a una predisposición mutua de diálogo entre las partes implicadas, el desgobierno alienta la barbarie dialéctica y se dan las condiciones para que se desate en cualquier momento un conflicto de imprevisibles consecuencias.
Una comunidad de vecinos es un microcosmos que depara situaciones fácilmente trasladables a otras de mayor envergadura. El símil de las ondas que produce una piedra arrojada al agua sería una forma precisa de ilustrarlo. Se empezaba por mantener la armonía en tu propia familia, a continuación entre los vecinos, luego en la calle, le seguía el barrio y el ayuntamiento, y así sucesivamente hasta alcanzar el gobierno de la nación.

1 comentario:

Romaní de Mata dijo...

Sempre es poden fer assembles per poder negociar el més bàsic, potser és manca de cultura assemblaria, i estem massa acostumats a delegar als altres perquè ens resolguin els conflictes, quan potser ens hem de fer responsables de les nostres pròpies aspiracions...

Em sembla.

bon dia i salut