sábado, noviembre 05, 2005

El maldito Brad Pitt

Me van a permitir que comparta con ustedes una confidencia de la que acaso ya se habrán dado cuenta: hay infinidad de gente que sabe mucho menos de lo que aparenta. Y no me refiero al típico fantasma que no pierde ocasión de vanagloriarse de una cultura de la que carece, o de la que posee escasos datos que en cambio administra sabiamente de tal modo que al escucharlo se diría que es el tipo más cultivado del mundo cuando apenas si alcanza a ser un astuto embaucador. No es de esa clase de apariencia de las que deseo darles cuenta, sino de aquélla cuya razón de ser es resultado de la idea preconcebida que nosotros nos hemos erigido en torno a las personas que creemos la poseen, y de la que ellas, por tanto, no son responsables, puesto que en realidad a dicha gente les trae sin cuidado lo que otros piensen o dejen de pensar de cuanto hacen o dicen.
El comentario viene al caso porque tiempo atrás fui testigo en una sala de cine de una breve conversación que me llenó de desconcierto. Asistía con mi mujer al pase de Troya, la versión libre de La Ilíada que, como saben, protagonizó Brad Pitt, ese individuo de quien debería estar terminantemente prohibido difundir imágenes a fin de que nuestras respectivas señoras no se sintieran tentadas a comparaciones hirientes. Pues bien, sucedió que llegado el momento célebre en que los guerreros permanecen ocultos en la panza hueca del caballo de madera, aguardando la caída de la noche para tomar y saquear Troya y pasar a cuchillo a sus ciudadanos, sucedió, digo, que un hombre situado en una butaca contigua a la mía, al ver cómo los soldados salían del interior de aquel destartalado cuadrúpedo de conglomerado, no pudo evitar exclamar: «¡Hala, tío, qué pasada! ¡Qué ocurrencia!, ¿no?». Acto seguido, cuando un servidor no había salido aún del estupor, el amigo que le acompañaba añadió con idénticas muestras de sorpresa: «¡Sí, tío, qué ocurrencia!». Me quedé perplejo. Los tipos no aparentaban en modo alguno ser un par de analfabetos y, sin embargo, ignoraban la celebérrima historia del Caballo de Troya.
Busqué la mirada cómplice de mi mujer para compartir mi estupor, pero estaba como en trance, a esas alturas de la película se conoce que el cuerpo lascivo del maldito Brad Pitt le había causado una inflamación en el masetero, el músculo que articula la mandíbula inferior, a consecuencia de lo cual no dejaba de segregar saliva o, como se suele decir, babear profusamente.
En tales circunstancias comprenderán que me fuera ya imposible concentrarme en la película, y entonces me dio por reflexionar en cuántos de los sucesos históricos que presumimos que todo el mundo debería conocer son en cambio ignorados. Supuse que acaso hayan existido siempre personas que de manera consciente deciden hacer caso omiso a la información que les rodea, y no escuchen la radio ni lean prensa y se limiten a sumergirse en sus cosas, ajenas al discurrir azaroso del mundo como una forma de higiene mental, excluyéndose así de esa gran mayoría que padecemos con las travesuras bélicas de algunos de nuestros gobernantes. Quizá haya quien incluso desconozca la existencia de la UE, o el asesinato de Kennedy o piense que Franco es un rasgo de sinceridad o que se muestre sorprendido y enojado a un tiempo porque un día se librara una II Guerra Mundial cuando nadie se molestó en avisarle de que había habido una primera.
En esas conjeturas andaba yo inmerso cuando se encendieron las luces de la sala del cine. Me puse en pie dispuesto a abandonarla y pude constatar que mi señora seguía babeando embelesada, de manera que me vi obligado a llevarla a empellones hasta el coche y mientras lo hacía calculé cuántas mujeres de ese grupo de personas ignoraban quién era el maldito Brad Pitt, y tuve la certeza de que mi santa esposa no se encontraba entre ellas.

2 comentarios:

albert dijo...

He de reconocer que he necesitado un diccionario para entender algunas cosas. La que más he necesitado buscar es 'a empellones', palabro que no havia escuchado en mi vida . Por si acaso aquí dejo un apunte :
empellón. (De empellar).
1. m. Empujón recio que se da con el cuerpo para sacar de su lugar o asiento a alguien o algo.

Por lo demás, felicidades por tu blog...

un saludo

Anónimo dijo...

Nice colors. Keep up the good work. thnx!
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