miércoles, septiembre 19, 2007

Juicio Final




Leo en el periódico que en la Corte de un distrito de Nebraska se ha admitido a trámite la demanda presentada contra Dios por un senador estadounidense, de nombre Ernie Chambers, por considerarlo responsable directo de las catástrofes que continuamente se ciernen sobre el planeta. Mi primera impresión, al ojear tan sólo el titular, ha sido de cierta indisimulada satisfacción, pues he pensado que por fin se alzaba alguna voz que alertara o previniera a la devota sociedad norteamericana de cuanto de amañado e irracional o manifiestamente increíble persiste en el alucinado discurso religioso. Pero no he tardado en caer en la cuenta de que semejante iniciativa no es sino una muestra más de devoción ciega, pues atribuir a Dios papel de tal relevancia, en lugar de resignarse a la suerte que depara la naturaleza y tratar de prever los desastres telúricos o aliviar el sufrimiento de aquellos que irremediablemente los padecen, y llevarlo a juicio es obstinarse en la teoría de su existencia, que, cabe recordar, nadie ha confirmado ni a buen seguro confirmará jamás, más allá de los golpes de efecto y las manifestaciones alucinógenas y auto sugestionadas de la conciencia febril de quienes han sido desde niños debidamente adiestrados en la veneración en una determinada creencia (yo diría que tendenciosamente adiestrado, por cuanto tiene de manipulación impedir u obstaculizar a alguien para que elija por sí misma en qué debe o no creer sin mayor interferencia que la propia observación del discurrir de la vida). Lo cual me trae a la memoria una historia real de la que dio cuenta en su columna de los sábados en El País el escritor Manuel Rivas.

Un viejo profesor en la España de la posguerra realiza un pequeño ejercicio práctico a sus alumnos, que previamente le habían manifestado su devoción a Dios. El maestro les pide a los muchachos que, en voz alta y al unísono, llamen a Dios a fin de comprobar si responde a la llamada y aparece en el aula. Los alumnos, en efecto, entonan el nombre de Dios repetidas veces sin resultado. El profesor les pide que ahora lo llamen a él. El hombre abandona antes el aula y aguarda en el pasillo. Lo muchachos gritan su nombre (¡profesor, profesor!) y el profesor, solícito, aparece en el aula.
De más está señalar que el viejo maestro fue objeto de las iras del régimen franquista.

En lo que atañe a lo sucedido en Nebraska, acaso lo único que cabe aplaudir en la iniciativa del mencionado senador sea que por fin un feligrés se haya separado del rebaño y tenido el coraje de plantarse delante del altar (en lo alto del cual imagino a Dios engullendo pipas con aire distraído, cuyas cáscaras se amontonan en derredor, mientras contempla con desidia cuanto nos sucede a todos), y reprocharle los desmanes que últimamente organiza. A ver Dios, ¿no crees que te estás pasando tres pueblos?, parece querer decirle el senador con la acción llevada a cabo.
Falta saber si Dios, como en el aula del bienintencionado profesor, hará o no acto de presencia en el proceso incoado, y si éste se tratará del tan cacareado Juicio Final y si, lo que sería el colmo, el letrado que finalmente ejerza su defensa será el mismísimo abogado del Diablo.

8 comentarios:

Manoli dijo...

Hay una película interesante, no me acuerdo del título, que protagoniza mi adorado Billie Connolly, el hombre más gracioso del planeta, en la que se narra este mismo caso, también en Estados Unidos. El caso es que cuando se dan este tipo de desastres allí, si tu casa o coche es destrozado por ello y estás asegurado, no recibes un duro porque la letra pequeña dice que estos son actos de Dios o algo así. De ahí viene que estos abogado empiezen a llevar a Dios a juicio para que pague, o para que la legislatura en cuanto a seguros cambie. No se puede negar que le echan cara e imaginación, no?

Arcadio dijo...

Si es cierto eso que dices, es asombroso, realmente asombroso. Pero fíjate, cuantas vueltas le dan al asunto para evitar cuestionarse su existencia. En lugar de decir a la compañía: oiga, que dios, de momento, no lo conoce nadie, y por tanto no existe o como si no exitiera hasta que haga acto de presencia. Y demandar a la compañía, en lugar de eso, se ponen manos a la obra a demandar a Dios. Es para cagarse, vaya.

manoli dijo...

si puedes ve la película. Porque en principio él demanda a la compañia, pero por no se qué razón no pueden hacer nada, así que se propone que Dios, o sus representantes, la iglesia, paguen. A mí me encantó la idea. Ya lo dicen, hecha la ley, hecha la trampa.

Daniel dijo...

Imagínate que llamasen a Dios a declarar ante de un tribunal,
¿y si no se presenta?
Y por otro lado, despues de "todo lo que nos ha hecho" el tio, se podria declarar inocente.
O aun peor, suponte que se presenta a declarar y como suelen hacer en los tribunales que veo en las películas que antes de sentarse siempre dicen: ¿Jura solemnemente decir la verdad y nada más que la verdad con la ayuda de dios?

Anónimo dijo...

Lo interesante del caso será ver que pasa con sus declarados "representantes" porque mientras no se diga lo contrario, el propio PaPa de ha declarado representante de Dios en la Tierra.

De aquí deduzco que de la misma forma que para una hipoteca te buscas abalador, el PaPa y su iglesia católica se declara abaladora de Dios así que si ciertamente es declarado culpable, pagará la iglesia católica el monto final????

O para escabulirse de pagar, renunciará a dios?

Yo creo que sea lo que sea no pagará puesto que después de tapar el follodromo infantil que habían montado en EEUU con un buen montón de $ ya no tienen pasta ni para pipas....

Y que conste que lo digo con el mismo cariño que tendría una mosca por una buena mierda bien grande... y es que con la iglesia católica hemos topado !!!


Golum

Ateo lunes, miércoles, viernes y domingo.
Agnóstico martes, jueves y sábado.

Arcadio dijo...

Daniel: Tienes razón, el asunto se presta a todo tipo de paradojas, aunque está claro que si se declara inocente cometería perjurio.


Anónimo (¿Alex?) Me intriga saber en razón de qué motivo escoges unos días para ser ateo y otros agnóstico. En cualquier caso siempre he sostenido la teoría que un agnóstico es un ateo que no tiene valor de declararse abiertamente como tal, no sea que después resulte que sí existe dios y deba rendir cuentas por su ateísmo. Lo cual, creo yo, es una pequeña cobardía, si eres ateo llévalo hasta las últimas consecuencia y no temas la ira divina.

Anónimo dijo...

Te equivocas Arcadio.
Primer error, no soy alex pero ahora ya sabemos que tienes un amigo llamado Alex que es agnóstico.

Yo opino que ser agnóstico no es una postura fácil ni es por falta de valor. Todo lo contrario !!!!!

Una vez leí y desde estonces estoy convencido de ello, que la necesidad de no creer que tiene el ateo puede llegar a compararse con la necesidad de creer del creyente..... que es lo mismo vamos.

Por lo tanto, es el ateo el que no tiene valor para vivir su vida sin tener que creer o no creer en nada.
En cambio, el agnóstico ha decidido pensar en cosas más terrenales como el buen sexo o las buenas películas y deja las creencias para los demás....

golum

Arcadio dijo...

Pues lo siento golum pero estoy en completo desacuerdo con cuanto dices. El ateo no tiene ninguna necesidad de no creer,ni tiene que demostrar por qué no cree, faltaría más, son aquellos que creen y sustentan sus creencias en determinadas teorías los que han de demostrarlas. Si el creyente consiguiera demostrar sus creencias y finalmente estuviera en lo cierto, pues al ateo no le quedaría más remedio que admitir su error frente a la evidencia. Pero no es así. El ateo sencillamente no se pliega ante historias disparatadas o inverosímiles, y desde luego disfrutan de lo lindo del cine, del teatro, de los libros y de lo que sea, sin que la religión le distraiga un ápice de ellos, en contra de los creyentes, que a la menor ocasión se escandalizan si un libro o película cuestiona o difama parte de sus creencias. En fin, para mi está tan claro.
Todo el que visita este blog con cierta frecuencia sabe que tengo un amigo que se llama Alex, y creo recordar que es tan ateo como yo.