Se aplaude la mayoría silenciosa en detrimento de quienes se manifiestan, es decir, la ruidosa, la que reclama sus derechos con estridencias innecesarias. Podían haber dicho lo mismo cuando estaban en la oposición y promovieron todo tipo de movilizaciones contra el Gobierno de Zapatero, todas ellas, en mi opinión, moralmente mucho menos legítimas que las que hoy llenan las calles.
domingo, octubre 07, 2012
Diario
Se aplaude la mayoría silenciosa en detrimento de quienes se manifiestan, es decir, la ruidosa, la que reclama sus derechos con estridencias innecesarias. Podían haber dicho lo mismo cuando estaban en la oposición y promovieron todo tipo de movilizaciones contra el Gobierno de Zapatero, todas ellas, en mi opinión, moralmente mucho menos legítimas que las que hoy llenan las calles.
jueves, septiembre 27, 2012
Diario
lunes, septiembre 24, 2012
Diario
Mientras que escribir constituye una fuente permanente de desazón que tiene que ver con la imposibilidad de expresar con exactitud, mediante la escritura, lo que tienes en la cabeza, dibujar es una gozada sin fin, es entregarte a un juego ancestral que te remite a la infancia, y además es una disciplina en la que uno se siente tanto más seguro y más hábil cuanto más tiempo transcurre.
Lo bueno de dibujar es que puedes escuchar la radio mientras lo haces. Escucho Catalunya Radio, Julia Otero, programas de cine como La finestra indiscreta o La claqueta, o Carlos Herrera. Este último no sé en qué momento se radicalizó tanto. Seguramente habrá sido una circunstancia progresiva, un dejarse llevar por la ira que ha desembocado en resentimiento. Cuando empecé a escuchar su programa, hace bastantes años, ni de lejos dejaba entrever su tendencia política. Ahora casi produce vergüenza ajena el trato que dispensa a los políticos de izquierda en relación al compadreo que se trae con los de derecha. Supongo que algo tendrá que ver que fuera amenazado por ETA y el exilio forzado en Miami al que se vio obligado. Por alguna razón que desconozco se siente resentido con la izquierda y no con la derecha. Según he leído le mandaron un paquete bomba a la emisora y subió con él en el ascensor antes de descubrir que en efecto era un artefacto explosivo.
martes, septiembre 18, 2012
Diario
A veces imagino un mundo dominado por una turba de radicales religiosos y solo pienso en tener a mano una cápsula de cianuro.
Yo no soy independentista, pero respeto y entiendo a los que lo son, siempre y cuando les asistan razones históricas y, por tanto, responda a un sentimiento legítimo e ineludible de desapego o falta de empatía hacia una sociedad a la que se percibe como ajena, como extraña. Creo, en cambio, que es moralmente reprobable apuntarse solo por causas económicas. No sé, parece que haya algo de mezquino y codicioso.
Cada vez que paso por un parque y veo plantada la canasta de baloncesto en medio de la arena, me subo por las paredes. ¿Quién coño se va a poner a votar una pelota de baloncesto en un pedazo de terreno lleno de socavones, piedras y matojos? Colocar una canasta en semejantes condiciones denota una falta de respeto al ciudadano. Es síntoma de que el político de turno se ha limitado a cumplir el expediente sin preocuparse si lo ha cumplido correctamente. Coño, ya que haces el trabajo, hazlo bien, mamón.
A las 16h pasan en Telecinco El hombre que susurraba a los caballos. Lo anuncio mientras tomamos el vermut, y todos me miran con desprecio y estupefacción. ¿Te gusta ese truño?, me preguntan. No sé qué pasa con esa película que no le gusta a nadie que conozco mientras yo no me canso de verla.
lunes, diciembre 12, 2011
Diario
Como no tenía nada más a mano me he puesto a leer el último libro de Elvira Lindo, un regalo que le hice a Pilar para nuestro aniversario de boda. Se titula Lugares que no quiero compartir con nadie. No es ficción, sino de reflexiones en relación a Nueva York, ciudad en la que reside largas temporadas. En realidad su marido, Antonio Muñoz Molina, ya publicó algo parecido hace algunos años, Ventanas de Manhattan, uno de los libros que más he disfrutado y releído bajo el influjo del viaje que hicimos a Nueva York.
martes, noviembre 22, 2011
Diario
Me pongo a pensar en los resultados de las elecciones. Podría pensar en muchas otras cosas más divertidas, pero las tertulias que escucho a diario están generando en mí un espíritu inconfeso de tertuliano frustrado, de tal manera que alivio esa frustración convocando tertulias en mi subconsciente, exponiendo argumentos y rebatiéndolos a continuación, no siempre de manera pacífica por culpa de uno de los tertulianos que invita mi subconsciente, que tiene el perfil beligerante y algo pendenciero de los que acuden a Intereconomía, y siempre acabo a hostias con él, citándolo en la calle para que acabemos nuestras rencillas como hombres.
Digo que venía pensando, y lo hacía en esos siete millones de personas que se han quedado en casa y han elegido no votar. Siete millones son muchas personas. Las suficientes para que el resultado de las elecciones hubiera sido otro bien distinto. O no.
El caso es que yo no he faltado nunca a la cita. Desde que tengo edad para hacerlo he votado en todas y cada una de las elecciones que se han convocado. Y antes tenía una opinión muy negativa de la gente que desperdiciaba la oportunidad de hacerlo. Ahora no. Me da lo mismo lo que haga cada cual, y hasta disculpo quienes se sienten engañados y decepcionados por la hueste de políticos que predomina en España.
Durante mucho tiempo se apeló a los cuarenta años de dictadura para hacer reaccionar a los que deciden no votar. Se les insistía que muchas personas habían dado su vida para que ellos gozaran de libertad para expresar el voto. Bien mirado, se trata de un chantaje emocional de primer orden. Es decir, no sé hasta qué punto estará justificado.
De camino a la escuela de Martina, escucho en la radio algo que yo vengo diciendo desde hace tiempo: esta crisis será tan duradera que ha acabado con el gobierno de Zapatero y posiblemente acabará también con el de Rajoy.
Hablaba yo el lunes con un compañero de clase sobre varios asuntos, cuando he dejado caer un comentario sobre los resultados de las elecciones, y lo he expresado adoptando un deje de cierto desdén, el que se espera que un hombre de izquierdas manifieste respecto a todo lo que tenga que ver con la derecha. Admito que lo expresé casi sin pensarlo y, en realidad, sin sentirlo, por la costumbre de hacerlo, como para adoptar una postura que se espera de uno por más que no siempre esté de acuerdo con ella.
El caso es que hice el comentario dando por hecho que mi interlocutor coincidía conmigo, pero detecté una expresión que me hizo sospechar lo contrario. Al día siguiente hablamos de nuevo, y alcanzamos un grado de confianza mayor, circunstancia que él aprovechó para soltar una opinión muy desfavorable y vehemente contra el gobierno de Zapatero.
Creo que la gran mayoría de veces no somos conscientes de cuánta gente no coincide con nuestra forma de ver el mundo. Sin apenas darnos cuenta, de forma no abrupta pero sí progresiva, nos vamos rodeando de gente afín a nosotros, de tal manera que uno acaba pensando que la inmensa mayoría coincide con nosotros en cualquiera de las facetas de la vida, cuando en verdad está lejos de ser así.
Coincido en la cafetería con dos compañeras de clase. Una es búlgara y la otra mexicana. Ambas estudiantes de filología. Hablamos de la asignatura de Literatura, que yo cursé el año pasado y ellas este. Les pregunto por la bibliografía, y sale a colación Edgar Allan Poe, y ninguna de las dos parece conocerlo ni tener referencias previas. Me extraña y alarma a un tiempo. Son futuras filólogas a las que se les supone un conocimiento anticipado de algunos autores. Les digo que Poe fue quien inauguró la literatura de detectives, y añado que Borges amaba sus relatos. Me miran ambos con algo de desconcierto.
miércoles, noviembre 16, 2011
Diario
En realidad tenía pensado saltarme solo la de griego, pero Normativa del Español se ha suspendido porque había una conferencia sobre el lenguaje jurídico.
El lenguaje jurídico.
Ahí es nada.
Apasionante.
Después de hora y media estudiando, he ido a tomar un café con leche en la cafetería de la facultad. Mientras sorbía como el que sorbe un tazón de sopa, y un deplorable croaissant de chocolate se desmenuzaba en mis manos como el pellejo carcomido de una momia a la intemperie, he echado un vistazo a la prensa. De todas las imágenes que depara el periodo electoral, tal vez la que más detesto sea la del político que sostiene al bebé de turno. No sé por qué suerte de extraño y sonrojante impulso hay padres que ofrecen a su hijo para que sea tocado por un tipo que, al fin y al cabo, acabará siendo un corrupto, o un mentiroso y un truhán, o, en el mejor de los casos, un haragán con el que cualquier relación, siquiera casual o efímera, yo no haría pública.
Evidentemente, la culpa no es del político sino de esos padres descerebrados que arrojan su inadvertido retoño a los brazos de un desconocido, y dejan la mejilla del bebé a merced de los labios resecos de un tipo que ha estado declamando a viva voz durante un buen rato mientras en la comisura de los labios se le iba acumulando una saliva que se solidificaba y transformaba en una pasta blanca y repugnante.
He pensado: he aquí una historia que merece ser escrita. La de los muertos, sí, pero también la de ese hombre que se da de bruces con ellos.
martes, noviembre 08, 2011
Diario
8
El titular de El Periódico de Catalunya de ayer me llamó poderosamente la atención. En grandes letras, propias de una noticia de alcance nacional, cuando no mundial, daba cuenta del número de mascotas abandonadas que deambulan sin amo por Cataluña.
Así es. Mascotas. Animales. Bichos. Y digo yo, con la que está cayendo, ¿a quién coño le importa? Me pareció una frivolidad que destacaran en portada semejante circunstancia, como si la indigencia canina fuera comparable con una tragedia humana de gran magnitud. Ahora mismo, cualquiera que pasee por las calles de su ciudad se da cuenta de que hay más personas buscando en los contenedores que perros vagando en busca de un hueso que echarse al hocico. En Mataró, por ejemplo, yo ya conozco a algunos que a diario realizan en bicicleta la ruta de los contenedores y se introducen en ellos de cintura para arriba en busca de objetos que puedan tener algún valor.
Que a pocas horas de un importante debate entre Rajoy y Rubalcaba, con la dimisión de Papamdreu y la muy probable del fantoche Berlusconi, El Periódico haya decidido prestar atención a una probable crisis de naturaleza animal casi me lo tomaría como una ofensa si no fuera porque he decidido observarlo como un acto de desinencia o desafección periodística: Un medio de comunicación que está hasta la polla de que cada día el mundo esté al borde del abismo, y como nunca acaba de precipitarse a él, concentra su antención en una circunstancia de lo más irreverente.
domingo, noviembre 06, 2011
Diario
De entre todas las preguntas disparatadas o improvables que me han formulado en mi trabajo hoy destaco la siguiente: Arcadio, ¿sabes a qué hora venden el pescado los pescadores de Arenys de Mar?
Evidentemente no lo sé, aunque prometo informarme, estoy seguro de que habrá hordas de gente deseando poseer una información tan valiosa.
miércoles, septiembre 28, 2011
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domingo, septiembre 18, 2011
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viernes, septiembre 16, 2011
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miércoles, septiembre 14, 2011
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domingo, septiembre 04, 2011
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viernes, septiembre 02, 2011
Diario
Hoy he ayudado a un intermediario de dios y no sé si he obrado correctamente o he traicionado mi condición de ateo. La cosa ha sido así: esta mañana no he tenido más remedio que ir a la Illa Diagonal. He llevado a mi cuñada a una reunión de trabajo a la que tenía que asistir en un hotel contiguo, y he aprovechado para pasear por ese centro comercial que, para Pilar y para mí, es la madre de todos los centros comerciales, por lo menos en lo que respecta a Barcelona y cercanías. Objetivamente la Illa no ofrece más de lo que ofrecen otros centros comerciales, incluso diría que es bastante más pequeño que Diagonal Mar y, por descontado, La Maquinista. La carencia de metros, sin embargo, lo compensa con una atmósfera de cierta exclusividad, como de espacio selecto al que solo puede acceder una determinada clase de gente. Creo que en el fondo eso es lo que nos gusta a Pilar y a mí, que siempre hemos querido ser ricos, pero no ricos normales, sino esa clase de ricos que se suenan los mocos con billetes de quinientos euros y jamás incurrirían en el mal gusto de ponerse dos veces los mismos calcetines, y dado que en los próximos meses no tenemos previsto alcanzar ese estatus debido a que estamos ocupados en otros asuntos de mayor urgencia, nos conformamos con impregnarnos de él paseando por la zona alta de Barcelona y por en centro comercial que frecuentan sus residentes.
El caso es que estaba en la FNAC de La Illa, mirando cd's, no en la zona propiamente de música sino en un espacio cerca de la entrada en la que hay dispuestos unos reproductores para escuhar música, cuando me han abordado dos monjas, y lo han hecho abruptamente, como si hubieran estado esperándome escondidas detrás de un stand para darme una sorpresa. Y la verdad es que sorpresa lo que se dice sorpresa me la han dado, el corazón se me ha encogido cuando esa cosa negra parecida a la muerte pero sin guadaña se ha avalanzado sobre mí, hasta el punto que he creído que estaba siendo víctima de una cámara oculta. Una era alta y joven, la otra era vieja y pequeñita, escuchimizada, plegada sobre sí misma, situada en todo momento a la espalda de la joven, que parecía sofocada por el calor y la prisa.
La monja joven me ha preguntado si ésa que tenía yo delante era toda la música que había. Lo ha hecho, como digo, abruptamente, sin una presentación previa, sin cuidar los prolegómenos, que tan importante son para que las relaciones discurran sin sobresaltos y con armonía. Me he echado para atrás, del susto, claro, y enseguida he advertido que Sor Abrupta y su escudera no se daban cuenta de lo fuera de lugar que resultaba su presencia o, más bien, lo inusitado de ella. Me la he mirado de arriba a abajo, su rostro, blanco y sudoroso, lucía recortado como una careta por el hábito que le rodeaba la cara. Lo primero que he pensado es que Sor Abrupta creía que yo era un empleado de la FNAC. Yo no trabajo aquí, le he dicho. Ya, pero te he visto aquí y por eso te pregunto, ha respondido. Es que estoy buscando música clásica italiana y no la encuentro, ha añadido. Le he indicado dónde podía encontrarla y las dos se han lanzado pasillo abajo y todas las personas que les salían al paso se las quedaban mirando, seguramente pensando, como yo, que era más probable ver a Maurinho y a Tito Vilanova dándose un beso con lengua que a dos monjas comprando cd's en la FNAC.