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domingo, febrero 26, 2017

Conversaciones con Martina (119)

Martina:
—Papa, ¿sabes qué? La Laura ha dicho una palabrota y me han castigado a mí.
—¿Y eso?
—No sé. Ella ha dicho la palabrota primero, y me castigan a mí. Qué morrazo, ¿no?
—¿Primero? ¿Qué quiere decir primero? ¿Ha habido una segunda?
—Pero la Laura la ha dicho primero.
—¿Quieres decir que tú la has dicho también, la palabrota?
—Pero la Laura ha sido primero.
—¿Qué palabrota has dicho?
—No te lo voy a decir.
—Dímela.
—No.
—Y ¿por qué te han castigado a ti?
—Porque a ella no la han oído.
—¿Que no la han oído? Entonces es como si no la hubiera dicho. Y eso es como si tú fueras la única que ha dicho la palabrota.
—Pero ella la ha dicho primero.
—Pero es a ti a quien han oído. ¿Qué palabrota era esa?
—No te lo digo.
—No me puedo creer que hayas dicho una palabrota. Dímela.
—No —y baja la mirada, avergonzada.
—Venga, dímela al oído.
—No.
—Vengaaa.
Me agacho y pongo la oreja a la altura de sus labios.
—Gilipollas —musita.

martes, marzo 29, 2016

Conversaciones con Martina (118)

Martina se ha hecho amiga en Sant Feliu de Guixols de un niño que pasea por la calle ataviado de una especie de chaleco antibalas con la leyenda «Policía» luciendo en letras grandes y blancas a la altura del pecho y encima de la visera de una gorra negra de la que va tocado. El chaleco cuenta con no menos de 150 bolsillos de los que cuelgan, entre otros objetos, dos walkie talkie, unas esposas y una pistola.
—Martina, ¿cómo haces amigos tan friquis? —le pregunta su madre.
Martina se la mira con cierta condescendencia y le responde:
—El papa también es friqui y es tu esposo.

viernes, febrero 12, 2016

Conversaciones con Martina (117)

Hoy han dado comienzo las clases en la universidad después del paréntesis navideño. Como Martina no tenía colegio, y mi mujer se había pedido el día libre, hemos bajado todos en tren a Barcelona con la idea de yo acudir a clase mientras ellas pasearían por Barcelona junto a mis hermanas. Fuera de la estación de cercanías, en la Plaza de Cataluña, me he despedido de ellas y he salido corriendo, pues llegaba tarde a clase. Mientras me alejaba a la carrera, Martina han contemplado cómo corría en dirección a la facultad mientras le decía a su madre:
—Ay, nuestro chiquitín se hace mayor.

Conversaciones con Martina (116)

Conversación que esta mañana hemos tenido Martina y yo de camino al colegio.
—El problema que tenéis los niños —le he dicho— es que os creéis más listos que los adultos. Y no, hija, tú, aunque lo creas, no eres más lista que yo.
—Papa —me ha respondido— no te pongas chulo, que tú has sido niño y también has cometido esos fallos.

martes, enero 12, 2016

Conversaciones con Martina (115)

De camino al colegio, después de casi veinte días de vacaciones, Martina guarda silencio con el ceño fruncido. De repente dice:
—Papa, ¿te imaginas que nos pagaran por hacer el perro todo el día en casa? Menudo lujo, ¿no?

sábado, febrero 07, 2015

Conversaciones con Martina (113)

—¡Madre mía! —exclamo cuando veo en la pantalla del móvil la foto que me acabo de hacer a mí mismo.
—¿Qué pasa? —pregunta Martina.
—Que estoy muy viejo.
—Tranquilo, papa: tienes toda la vida por delante.

martes, enero 27, 2015

Conversaciones con Martina (112)

—Mama, ¿los ciegos fuman? —le pregunta Martina a su madre.
—Algunos.
—Pues eso es muy peligroso. Se pueden quemar enteros.

miércoles, agosto 27, 2014

Conversaciones con Martina (111)

Una de las varias banderas que ondea en el paseo marítimo de Sant Feliu de Guixols es la del movimiento gay. Martina se la mira desde la orilla de la playa y le pregunta a su tío: 
—¿Esa bandera de qué es?
—La de los gays.
—¿El qué?
—Es una bandera con la que los gays reivindican la homosexualidad y la lucha contra la homofobia.
Mientras Martina se seca con la toalla dice:
—No he entendido una sola palabra de lo que has dicho.

jueves, julio 17, 2014

Conversaciones con Martina (110)

En TV3 están emitiendo This is it
—Cómo no se iba a morir, si estaba hecho polvo —digo en voz alta cuando veo las imágenes de Michael Jackson deambulando por el escenario como una sombra de lo que había sido.
—¿Se ha muerto Michael Jackson? —me pregunta Martina.
—Sí, se murió hace cinco años.
Se queda mirando las imágenes unos segundos, al final de los cuales dice:
—Claro, de tanto bailar.

martes, julio 01, 2014

Conversaciones con Martina (109)

Martina, a su madre:
—Mama, yo no quiero un novio gordo. Como tenga un novio gordo lo echo de casa.

miércoles, junio 25, 2014

Conversaciones con Martina (108)

Después de tres horas de playa, ha llegado el momento de volver a casa. Ya hemos recogido las toallas y nos hemos vestido. Casi todos. Martina sigue en el agua, junto a su amiga Mariona. Las llamo a ambas pero no me hacen caso. Insisto. Como si oyeran llover. Me enfado de verdad, me acerco a la orilla, avanzo hasta que el agua me alcanza las rodillas, y desde allí grito muy enfadado:
—¡Martina, sal del agua de una vez!
Martina me mira, se desentiende un momento de su amiga y me dice:
—Estoy ayudando a Mariona a superar sus miedos.

lunes, marzo 03, 2014

Conversaciones con Martina (107)

A Martina los Reyes Magos le trajeron un patinete de dos ruedas molón de la muerte. Al poco, me pidió desplazarse al colegio montada en él. Ir y venir. Acepté. Es un engorro —tengo que plegarlo y cargar con él, tanto para ir como para venir— pero es la única manera de llegar antes de que nos cierren las puertas. Los últimos 150 metros que nos separan de la escuela son cuesta arriba, y un día se me ocurrió rodear el manillar con mi bufanda y arrastrarla a la carrera hasta la puerta. Grave error: cualquier concesión que le hagas a un niño se transforma en una obligación irrenunciable. Ahora no solo me exige que lo haga —tirar de ella— sino que me azuza mientras grita ¡Arre, caballo, arre!
Esta mañana, entre resuellos, le he dicho:
—Martina, esto se tiene que acabar. Ir a la escuela en patinete tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Las buenas son que llegas antes, adelantas a tus amigos, vas circulando cómodamente cuando es llano, casi sin hacer esfuerzo. Las cosas malas, pues que cuando es cuesta arriba tienes que impulsarte y cansarte un poco. No hay otra. Hay que estar a las duras y a las maduras.
Ha dejado el patinete a mis pies, me ha dado un beso en la mejilla, y antes de dirigirse a la carrera hacia las puertas, me ha dicho.
—No he entendido nada de los que has dicho, papa.

Conversaciones con Martina (107)

Martina:
—Papa, ¿sabes qué? La Laura ha dicho una palabrota y me han castigado a mí.
—¿Y eso?
—No sé. Ella ha dicho la palabrota primero, y me castigan a mí. Qué morrazo, ¿no?
—¿Primero? ¿Qué quiere decir primero? ¿Ha habido una segunda?
—Pero la Laura la ha dicho primero.
—¿Quieres decir que tú la has dicho también, la palabrota?
—Pero la Laura ha sido primero.
—¿Qué palabrota has dicho?
—No te lo voy a decir. 
—Dímela.
—No.
—Y ¿por qué te han castigado a ti?
—Porque a ella no la han oído.
—¿Que no la han oído? Entonces es como si no la hubiera dicho. Y eso es como si tú fueras la única que ha dicho la palabrota.
—Pero ella la ha dicho primero. 
—Pero es a ti a quien han oído. ¿Qué palabrota era esa?
—No te lo digo.
—No me puedo creer que haya dicho una palabrota. Dímela.
—No —y baja la mirada, avergonzada.
—Venga, dímela al oído.
—No.
—Vengaaa.
Me agacho y pongo la oreja a la altura de sus labios. 
—Gilipollas —musita.

sábado, febrero 22, 2014

Conversaciones con Martina (106)

—¿Quién es esa? -me pregunta Martina.
—La Infanta Elena.
—¿Y esa quién es?
—Una princesa.
—Pues qué princesa más fea.
—Martina, es que las princesas no son como en los dibujos. De hecho, las de verdad son bastante feas.
—Hombre, alguna habrá guapa, papa.

Conversaciones con Martina (105)

—Qué frío tengo en las orejas -le digo a Martina de camino al cole.
—No me extraña: con esas orejotas que tienes -me responde.

Conversaciones con Martina (104)

A Martina los Reyes Magos le trajeron un patinete de dos ruedas molón de la muerte. Al poco, me pidió desplazarse al colegio montada en él. Ir y venir. Acepté. Es un engorro —tengo que plegarlo y cargar con él, tanto para ir como para venir— pero es la única manera de llegar antes de que nos cierren las puertas. Los últimos 150 metros que nos separan de la escuela son cuesta arriba, y un día se me ocurrió rodear el manillar con mi bufanda y arrastrarla a la carrera hasta la puerta. Grave error: cualquier concesión que le hagas a un niño se transforma en una obligación irrenunciable. Ahora no solo me exige que lo haga —tirar de ella— sino que me azuza mientras grita ¡Arre, caballo, arre!
Esta mañana, entre resuellos, le he dicho:
—Martina, esto se tiene que acabar. Ir a la escuela en patinete tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Las buenas son que llegas antes, adelantas a tus amigos, vas circulando cómodamente cuando es llano, casi sin hacer esfuerzo. Las cosas malas, pues que cuando es cuesta arriba tienes que impulsarte y cansarte un poco. No hay otra. Hay que estar a las duras y a las maduras.
Ha dejado el patinete a mis pies, me ha dado un beso en la mejilla, y antes de dirigirse a la carrera hacia las puertas, me ha dicho.
—No he entendido nada de los que has dicho, papa.

miércoles, enero 01, 2014

Conversaciones con Martina (103)


En el coche, de camino a casa, Pilar me recuerda que hoy hace 14 años que le pedí para salir, y que no lo hemos celebrado haciendo algo especial. Asiento, musito alguna excusa. Al poco, Martina, desde el asiento de atrás, dice que se le ha ocurrido una cosa para celebrarlo en cuanto lleguemos a casa, pero que será un sorpresa para Pilar y me lo dirá solo a mí. 

Ya en casa, nos encerramos en su habitación y me pregunta qué canción bailamos Pilar y yo cuando nos casamos. Moon river, le digo a pesar de que sé que ella no sabe qué música es esa. Comparte su plan conmigo: hará un dibujo de nosotros dos vestidos de novios, lo colgará en la pared del comedor, mientras yo pondré ese tema en el equipo de música. Lo hacemos, y Pilar y yo despedidos este sábado bailando Moon river en el comedor en penumbra ante la sonrisa desdentada de Martina, que nos observa y exclama que eso que hacemos no es bailar, sino abrazarnos. 


Conversaciones con Martina (102)


Estamos los tres en el comedor. Pilar, Martina y yo. Pilar me dice:
—Anda, ayuda a tu hija a hacer los deberes.
—¿Yo? —respondo— ¿Por qué yo?
—Porque eres su padre.
—Eso esta por ver. Traedme pruebas. —digo yo, echando mano del mismo argumento del que echo mano cada vez Pilar me asigna una tarea de esa naturaleza.
Parece que a Martina no le hace gracia mi excusa. Mira a su madre:
—Esto déjamelo a mí —le dice, y acto seguido se levanta y se va a su habitación. Cuando regresa sostiene entre las manos un retrato en el que aparecemos los tres, abrazados y sonrientes.
—Aquí tienes las pruebas —dice poniéndome el retrato delante de la cara.

Conversaciones con Martina (101)


No hay duda de que Martina es hija mía. Ayer me pidió que le pusiera Avatar. La estábamos viendo, y, en un momento dado, le digo:
—¿A que te gustaría vivir en Pandora? Trepar a esos árboles, saltar de rama en rama. ¿A que te gustaría?
Me mira con cierto desdén y me responde:
—¿Ahí tienen sofá y televisión? ¿A que no? Pues entonces cómo me va a gustar.

viernes, diciembre 27, 2013

Conversaciones con Martina (100)


Martina, la traidora, le dice a su madre:

—Mama, tú no le hagas caso al papa cuando dice que tú no haces nada en casa. Lo haces casi todo, menos contarme el cuento por la noche. Aunque eso también lo haces cuando él se va a correr.